
“Cuando el hombre entendió la transparencia, creó el vidrio, cuando conoció el color y la luz, mezcló cristal y color para en complicidad con el sol, las llamas y las estrellas, dar nacimiento al vitral, que al principio solo adornó la santidad, luego el alma y para siempre la esperanza, pues mirar la policromía atómica del arte en vidrio, devuelve la paz, tan escasa, a veces tan poco presente como si solo fuéramos otro”.
Sin embargo, el efecto y la magnificencia del vitral no viene del vidrio coloreado en sí mismo, sino de la luz que lo atraviesa (natural o artificial) y de la posición desde la cual uno percibe esa luz resultante.
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